Circuito de La Sarthe, y Las 24 Horas de Le Mans

Las 24 Horas de Le Mans son la prueba por excelencia del automovilismo deportivo. A lo largo de sus 93 años de vida y las 83 ediciones celebradas, se han escrito muchas de las páginas más bellas, míticas y legendarias del mundo del motor.

La mágica atmósfera de la cita francesa, creada a partir de la comunión especial entre corredores y aficionados, la convierte en la carrera de resistencia más especial de todas las que existen. Probablemente, solo el Gran Premio de Mónaco o Las 500 Millas de Indianápolis, desprendan un dulce aroma a gasolina similar a las carreras de Le Mans.

¿Existe una carrera de coches en la que el público pueda saludar personalmente a sus ídolos? ¿O un evento deportivo que concite a más de 250.000 seguidores? ¿ O un circuito en el que los bólidos superen los 400 km/h? ¿ Y una drivers parade recorriendo las calles de la ciudad para deleite de los aficionados? Todas las respuestas convergen en un sitio: Le Mans.

La gloria aguarda a esos héroes de la velocidad que recorren los 13.650 metros del circuito semipermanente de La Sarthe con el máximo de valentía y concentración. Porque en las terroríficas rectas como Mullsanne, hay que ser muy osado para mantener el pie a tope en el acelerador o para clavar los frenos en la curva Dunlop sin ver la publicidad demasiado de cerca. Cualquier vacilación o distracción pueden transformar el éxito en fracaso, la alegría en tragedia. El nivel de exigencia es máximo para los pilotos y sus máquinas. Solo los más fuertes, los elegidos, entran en el Olimpo de Las 24 Horas de Le Mans.

 

 

Historia de Le Mans = Histeria automovilística

Tradicionalmente las 24 Horas de Le Mans tienen lugar en el mes de junio, aunque la primera edición se disputó los días 26 y 27 de mayo de 1923. El escenario eran carreteras (o algo parecido) próximas a esa localidad situada al sur de París. En aquel entonces el vencedor debía recorrer la mayor distancia posible a lo largo -y ancho- de ¡tres carreras! de 24 horas de duración cada una. El trofeo fue denominado Rudge Whitworth Trienal Cup.

Probablemente, alguien con sentido común dentro de la organización –que no sería un jefe-logró imponer su cordura. A partir de 1928 se decidió que el ganador debería cubrir el mayor número de kilómetros en “tan solo” una carrera de 24 horas.

Por aquel entonces comenzaba ya a gestarse el interés por una competición única y especial.

El magnetismo de las 24 Horas de Le Mans se basaba en su singularidad técnica, en su dureza, en su épica, en su nocturnidad y alevosía. Hasta su aparición, la incipiente competición había basado su filosofía únicamente en la velocidad. Se trataba de ser el más rápido, único pasaporte para la gloria terrenal… y en ocasiones, y desgraciadamente, para la celestial.

Sin embargo, con la llegada de las 24 Horas de Le Mans había surgido una nueva concepción. El objetivo, alcanzar el triunfo por medio de una prueba de resistencia que pusiera al límite tanto al hombre como a la máquina recorriendo la mayor distancia posible durante un día. Ya no se trataba solo de ser muy rápido, sino de ser el más fuerte física, mental y mecánicamente. Para los ingenieros también supuso un gran desafío: había que diseñar y construir vehículos de altas prestaciones basados en su fiabilidad, rapidez y bajo consumo. Eficiencia llevada al lo más de lo más.

La llama de este nuevo concepto prendió entre todos los actores de las 24 Horas de Le Mans. Así, corredores, fabricantes de coches y aficionados se sintieron tan atraídos como algún político español por ciertos tipos de sobres.

El automovilismo estaba entrando en una nueva dimensión porque mucha de esa tecnología supondría un salto cualitativo para la industria automotriz. Ésta trasladaría a los vehículos de calle todas las innovaciones desarrolladas para las 24 Horas de Le Mans.

Como podéis imaginar en nuestra actual sociedad de consumo, fundamentada en la obsolescencia programada –la mayoría de los objetos que empleamos están diseñados para que se autodestruyan pasado cierto tiempo de uso-, esa idea habría supuesto una huelga mundial de los miembros del Club Bilderberg y de los contemporáneos de Rockefeller. ¡Por Dios!, vehículos que duran y sin trucos en sus sistemas de emisiones contaminantes. ¡Qué locura!, habrían gritado muchos de esos consumidores millonarios y compulsivos del vino Petrus del 47.

Aquellos primeros años de las 24 Horas de Le Mans fueron dominados por corredores franceses, italianos y británicos y por fabricantes como Bugatti, Bentley y Alfa Romeo. Fruto -maduro- del interés competitivo que despertaba la prueba, aparecieron las primeras innovaciones aerodinámicas en los vehículos.

Desgraciadamente, a finales de los años 30 el certamen se interrumpe por espacio de 10 años. Los sueños de grandeza de un monstruo llamado Adolf Hitler no deja vivo en el Viejo Continente ni tan siquiera el automovilismo. Estalla la II Guerra Mundial.

Pero volvamos a la pista…

En 1949, con los nuevos vientos de libertad recorriendo Europa y tras la reconstrucción del circuito francés, reaparecen las 24 Horas de Le Mans. Cuatro años más tarde se crea el Campeonato Mundial de Resistencia – este último nombre es un bonito homenaje a la resistencia que se opuso a la ocupación nazi en Francia-.

Grandes marcas como Ferrari, Aston Martin, Mercedes-Benz, Jaguar ponen sus objetivos deportivos en la prueba. La fama de la cita gala se multiplica. La competencia se hace feroz.

En medio de esas batallas, se produce un accidente en 1955. Es ‘EL’ accidente de Le Mans. El Mercedes de Pierre Levegh salió de la pista y chocó contra un grupo de espectadores. Murieron el piloto y más de 80 espectadores. Como resultado de este atroz suceso, el equipo alemán se retiró de la competición. Una cicatriz que la marca de la estrella jamás borraría de su ADN.

El luctuoso accidente supuso un antes y un después en la seguridad de las 24 Horas de Le Mans. Se introdujeron importantes mejoras para prevenir más tragedias. Así, se incorporaron nuevos sistemas de sujeción para el piloto. Acciones que supusieron, por ejemplo, el fin de las salidas tipo Le Mans: los pilotos salían corriendo desde el pit lane a los coches, pero abrochar los cinturones y anclajes correctamente suponía una gran pérdida de tiempo. Y muchos corredores emprendían la marcha sin amarrarlos a su cuerpo. Uno de los pioneros en presentir el peligro de esa costumbre funesta fue Jackie Ickx. Por eso el belga en su primera participación se dirigió caminando tranquilamente hacia su automóvil. Se introdujo en él y fijó todas las sujeciones a su cuerpo antes del inicio de la prueba. Y aunque comenzó último acabó en primera posición con su Ford GT40. Por cierto, en el viaje de regreso a París protagonizó una colisión sin consecuencias gracias al cinturón de seguridad. Lo cierto es que generó conmoción. Hoy, ver cómo lo hizo es, cuanto menos, flipante.

Para evitar esa mala práctica, se sustituyó la salida típica por una lanzada, en la que los participantes ya se encontraban en el interior de sus máquinas. Mola menos, pero es más segura.

Por cierto, seguro que sabes que los Porsche tienen la llave a la izquierda. Esto viene precisamente de Le Mans y su salida: ¿Que si todos los ingenieros alemanes son zurdos? Pues, no. Esa disposición permitía ahorrar unos valiosos segundos al iniciar la carrera. Los competidores podían emplear de forma simultánea ambas manos. Con la mano izquierda ponían en marcha el coche y con la derecha engranaban la primera velocidad.

A partir de los años 70 los coches cada vez alcanzan velocidades más elevadas y sus diseños, creados específicamente para las 24 Horas de Le Mans, favorecen dichas prestaciones. Que se lo digan a Vic Elford, que fue el primero que rodó a más de 240 km/H -de media- en Le Mans. Esa década, y sobre todo, la de los 80 y el final de los 90, estuvo marcada por la supremacía de Porsche, que introdujo el concepto de doble embrague con los 962.

Las 24 Horas de Le Mans ya había entrado en la leyenda, y su repercusión planetaria la convirtió en Patrimonio Inmaterial Imaginario del Automovilismo.

Todos los fabricantes de coches querían estar presentes y triunfar en las 24 Horas de Le Mans porque supone un escaparate publicitario único. Y se establece fuera de la pista otra competición. Los mejores ingenieros pugnan por lograr la mejor mecánica, mientras que los diseñadores afilan el ingenio para exprimir la aerodinámica al máximo.

La carrera se convierte en un laboratorio de pruebas cuya tecnología es aplicada posteriormente a los automóviles de calle. La vanguardia y las mejoras prestacionales introducen a la industria automotriz en otra dimensión.

Y así llegamos a la era Audi. No es que el gigante teutón patrocine este espacio. Pero lo cierto es que desde la llegada del siglo XXI solo han cedido la corona en 2003, 2009, 2015 y 2016 -In extremis, después de que el coche de Buemi, Nakajima y Davidson se quedara sin potencia tras una carrera perfecta de su Toyota-. No sabemos si esos triunfos ajenos a la marca de los aros se debieron a una distracción de sus responsables o a un gesto de generosidad con los rivales.

Pero, ¡ojito! con Porsche, que le mojó la oreja automovilística a sus rivales patrios en la edición 2015 de las 24 Horas de Le Mans. Y de paso, rompió la hegemonía establecida con mano de hierro por Audi durante los últimos lustros por su vecino septentrional, así como en 2016 a Toyota tras 23 horas y 55 minutos perfectos de la marcha nipona.

Los de Suttgart han reconquistado el cetro que habían logrado 17 años antes. El piloto de la escudería Force India de F1 Niko Hulkenberg, el británico Nick Tandy y el australiano Earl Bamber condujeron el Porsche 919 Hybrid hacia el éxtasis, y en 2016 Marc Lieb revalidó el título junto con sus compañeros Romain Dumas y Neel Jani.

En los dos últimos decenios las marcas han continuado experimentando en múltiples campos. Y hablando de campos, el verde es el color predominante en las 24 Horas de Le Mans. Desde hace un par de años se ha instaurado una reducción del 30% de las emisiones de los coches que en ella intervienen y la limitación del uso de energía por cada vuelta. Y las marcas han respondido a esa normativa creando automóviles con tecnología híbrida que ya triunfa en las calles de nuestras ciudades. Sí: los híbridos casi se podría decir que provienen de Le Mans. Increíble.

 

 

 

Protas estelares

Los héroes indiscutibles de las 24 de Le Mans son los pilotos de diecisiete nacionalidades que ya forman parte del paraíso de las pruebas de resistencia. El corredor que más veces ha ganado Le Mans es Tom Kristensen. El danés venció por primera vez en la prueba de 1997, acompañado de Michele Alboreto y Stefan Johansson, al volante de un Porsche WSC-95. Y no sabemos si en esa ocasión le cogió el gustillo al champán, a las azafatas del podio o a los premios en metálico, pero el caso es que repitió en otras ocho ocasiones más.

Y para hacer más grande su leyenda y podérsela contar a sus nietos y amigos del barrio, lo consiguió con tres vehículos distintos: Porsche (1997) –Bentley (2003), y Audi (2000, 01, 02, 04, 05, 08, 13). Asimismo el Tío Tom –así le llaman sus sobrinos- ostenta el récord de ser el piloto que más veces ha vencido para la marca de Ingolstadt.

Por todo ello no sería raro que a la entrada de la factoría germana de automóviles le erigieran a Kristensen un monumento en su honor. Tampoco extraña a nadie que actualmente protagonice algunas acciones comerciales para el fabricante teutón.

Tan solo ha osado aproximarse a los números del danés glorioso, pero de lejos, por lo que pudiera sucederle, el talentoso Jackie Ickx. Este famoso belga ha ganado en seis ocasiones las 24 Horas de Le Mans. La primera fue en la carrera de 1969 haciendo pareja con Jackie Oliver a los mandos de un Ford GT40 Mk. I. Seis años después repitió éxito con un Mirage 6R8. Los restantes triunfos -1976, 77, 81 y 82- llegaron conduciendo un Porsche.

Y por razones obvias, no podíamos olvidarnos de nuestro compatriota Marc Gené. Él es el único español que ha ganado una prueba en las 24 Horas de Le Mans. Fue en 2009 cuando le dio una alegría histórica al automovilismo patrio que, dicho sea de paso, careció de la relevancia mediática que la gesta merecía. Gené pilotó hacia la historia con su Peugeot 908 HDI FAP junto a otro expiloto de Fórmula 1, Alex Wurz y a David Brabham.

Los Pánzer alemanes dominan en las 24 Horas de Le Mans

El equipo que suma más títulos de las 24 Horas de Le Mans se llama Porsche. Los de Sttutgart se han impuesto en 18 ocasiones, la última de ellas, en 2016.

A rebufo de ellos, se encuentra la bella dama alemana –Audiprota del baile desde su llegada en el año 2000. Conociendo la inclinación por el orden cartesiano de los germanos, no sería de extrañar que la fecha elegida -llegada del nuevo milenio- hubiera sido premeditada.

Desde que arrancó el siglo XXI, las vedettes de la marca de los 4 aros han copado el lugar de honor de la fiesta. Lógico, porque, ¿a quién no le gusta el champán francés, las fotos en el podio y el reconocimiento público aunque seas alemán?

Los millennials de Ingolstadt han vencido últimamente en tantas carreras que resulta más sencillo explicaros en cuál no lo han hecho. De las últimas 17 ediciones de las 24 de Le Mans ,han permitido saborear las mieles del éxito a Bentley en 2003, Peugeot en 2009 y Porsche en 2015 y 2016.

Quizá Audi, con este gesto quería evitar que el público les acusara de monopolizar lo más alto del cajón; lo que hubiera obligado a la organización a rebautizar la prueba con el nombre de las 24 Horas de Audi. Y tampoco era plan de eso.

El podio de equipos vencedores lo cierra Ferrari con 9 triunfos logrados en blanco y negro durante los años 1949, 54 , 58, 60, 61, 62, 63, 64 y 65. La formación de Maranello dominó durante los felices años 60, por los que se la podría otorgar el honorífico título de la escudería ye-yé. Sin embargo, desde aquella época gloriosa sus laureles se han marchitado. Puede ser que algún día, aunque con las mismas probabilidades que tiene últimamente la formación de Fórmula 1 de apuntarse el Mundial de Fórmula Uno, vuelvan a reencontrarse con la corona en Le Sarthe.

Otros participantes míticos en las 24 Horas de Le Mans como Jaguar -7 victorias-, Bentley -6- y Ford -4- han inscrito sus nombres con letras de oro en Le Mans, aunque esas grafías ya están algo apolilladas…

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